Día: 1 agosto, 2014

El ego: peligrosa compañía

IMG00055-20110601-2130El ego es la identificación que hacemos con todas aquellos elementos que pensamos que nos identifican y definen. Nuestro sexo, comportamiento de género, identidad sexual, nacionalidad, adicciones, formación, edad, trabajo, amistades, posesiones, nivel social, lugar de residencia, estilo de vida, los distintos roles familiares como hijo, padre, abuelo, de enfermos… sean reales e imaginarios.

El ego es también nuestro intérprete, la voz en la cabeza que nos va traduciendo de forma automática toda la información que nos proporciona el cuerpo y nuestro entorno. La que por medio de una valoración inconsciente y consciente, nos dice que lo que nos ocurre es considerado como bueno o malo, agradable o desagradable y como consecuencia genera unos pensamientos y comportamientos acordes a esa valoración realizada en función a las identificaciones anteriormente citadas.

El ego es la identificación que muchas veces tenemos con nuestros procesos mentales y que nos hace pensar que somos lo que pensamos, que nos identificamos con lo que pensamos, que llegamos a creer, como decía Descartes, que pensamos luego existimos, sabiendo de boca de muchos pensadores que Descartes estaba equivocado y que existimos, luego pensamos.

El ego es ese acompañante que nos complica la vida con nosotros mismos y con los demás cuando está demasiado presente en nuestras vidas; que pretende que vivamos con sus normas y apreciaciones; con su conducta y pensamientos automáticos; que no puede vivir con nosotros ni sin nosotros; que no le gusta el cambio y que necesita alimentarse de las miserias humanas, de nuestras emociones más atávicas. (más…)

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Sobre la ira

De Joseba Sánchez  Zabaleta

De Joseba Sánchez
Zabaleta

La ira es una emoción básica, automática, fundamentada en el Sistema Nervioso Simpático, rápida, “caliente”, incremental, egótica, social, destructiva, especialmente contagiosa, que genera una rápida identificación con ella, que se alimenta del pasado y te acelera el corazón, te incrementa la tensión muscular. Los pensamientos negativos se potencian así como las muestras de desafecto mucho más rápidamente que el miedo, posicionándote en una opción de defensa y donde el concepto de provocación toma relevancia ante los hechos que se ven como una amenaza.

Una amenaza que se relaciona directamente con el ego, con nuestro ego que es el que se ve amenazado, ultrajado, ofendido. La sientes en la necesidad de acción, en la proliferación de pensamientos negativos, en el ardor de la sangre en la cara, en el acelere del corazón, en la dificultad de concentración, en el impulso a compartirlo con más personas para que se incremente el efecto contra la persona o sistema que consideramos la ha provocado y, sobre todo, en el impulso a actuar de forma automática y poco razonada ante los hechos… te urge intervenir para saciar tus impulsos.

A nivel fisiológico, cuando es desadaptativa y continuada, puede potenciar diferentes trastornos como los cardiovasculares, cáncer, tabaquismo, soriasis, artritis reumatoide y otras enfermedades además de otros trastornos psicológicos. Y he dicho desadaptativa ya que esta emoción, como todas las emociones básicas tienen una función adaptativa necesaria para nuestra supervivencia y que está muy relacionada con nuestra defensa y con la defensa de aquellos que queremos, incluidos también aquellos casos sociales y morales que nos indignan.

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