Liderazgo de servicio

La soledad del líder…

Chillida

Chillida

Un amigo, a raíz de un post publicado en este mismo blog, me pidió que hablase de la soledad del líder y, cómo no, voy a hacerle caso, pero como el título de un libro de Jack Welch, voy a hacerlo “desde las entrañas”, desde el conocimiento que da la experiencia más que desde un punto académico… mucho me lo he pensado, mucho tiempo lo he retrasado así que vayan ahí las primeras reflexiones.

Liderar es un acto solitario, un ejercicio de soledad, aunque a veces quien lidera no se encuentre solo o sola… pero lo está. Liderar es una relación individuo grupo, pero en la que el acento está en el individuo, en la persona que sirve de guía, en quien sirve al proyecto compartido, en quien tiene la máxima responsabilidad de hacer que ese proyecto se comparta, que tenga sentido, en quien sirve, en el servidor

Liderar implica entregarse para conocer a quien se lidera, querer hacerlo,  empatizar con el equipo y también con cada integrante del mismo, conocer tanto individuos como sus relaciones para conseguir que todos ellos quieran contribuir,  que quieran participar, que quieran hacer cosas en aras de dar sentido a esa misión que les une y que es tarea, que es responsabilidad de quien lidera.

Chillida

Chillida

Liderar es un episodio de soledad porque debe realizarse con humildad, con generosidad, con compasión, con esperanza, con entrega, con espíritu de servicio… porque debe entregarse en cuerpo y alma al proyecto sin esperar nada a cambio, aunque lo dese. Es un acto de soledad porque muchas veces, el ser humano, la “materia prima” del proceso de liderazgo, es un animal ingrato, interesado, de poca memoria y así debe entenderlo el líder, sea hombre o mujer, y así debe  amarlossin esperar que el amor será correspondido pero siendo agradecido cuando lo sea  porque quien lidera sabe que liderar implica soledad.

Soledad de quien manda, de quien debe ejercer el poder, tanto el concedido por la organización como el otorgado por su equipo, el que legitima su liderazgo. Soledad de quien es observado, de quien toma a la última decisión, de quien premia o de quien castiga, del experto, del envidiado, del querido, del admirado, del traicionado. Soledad que generará tensión por la continua observación, una situación generalizada de estrés que tendrá que saber gestionar para seguir liderando, para seguir sirviendo, para seguir disfrutando. Soledad derivada del sentido de trascendencia que es inherente al propio liderazgo y que hay que recordar y mantener.

Chillida

Chillida

Porque la soledad de la que estoy hablando, es una soledad plena, disfrutada elegida, placentera. La soledad del liderazgo le llena y le confiere sentido al propio líder en su ejercicio, siendo su culmen la inmolación del propio líder, el acto máximo de generosidad y entrega, tanto a la organización como a sí mismo, sobre todo a sí mismo, que se produce cuando llega la hora de la despedida, cuando el líder sabe que su función está ya cumplida, cuando debe dejar paso a otras personas, a otros líderes a otro líder.

Y se despedirá porque el líder nunca debe sentirse solo, nunca debe perder su norte, su sentido, su misión, su conexión con su aquí y su ahora. Porque cuando la soledad le apriete, deberá renovarse, deberá generar una nueva visión personal, un nuevo placer por la vida, por su vida, por nuevos proyectos, por sus proyectos, a través de un proceso de renovación que le permitirá seguir sirviendo, seguir liderando, seguir disfrutando de la soledad que implica el liderar, guiar a un grupo de personas. La cuestión no es tanto la soledad, como que la persona que lidera sea capaz de disfrutarla.

 

¿Están dispuestos a aceptar esa soledad tan llena?… es todo un privilegio sentirla…

 

 

 

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