Una ficción emocional*

El callejónAyúdenme a poner nombre a esta emoción, este sentimiento… yo no puedo ya que me han quitado el futuro.

Se trata de un estado emocional de alta intensidad y de una apreciación del mismo muy desagradable, muy doloroso. Solo puedo describirlo como una gran desolación interior, como una mezcla de indefensión, de vergüenza, de miedo… de mucho miedo.

Desolación ya que en estos momentos parece como si me hubiesen arrancado de la mente todos los proyectos de futuro que tenía, quedando el horizonte vital arrasado como si de la estepa se tratase, sin ilusión, sin esperanza sin futuro. Desolación que proviene de tener la sensación de que me hubiesen arrancado mis planes de futuro de cuajo, destrozando la mente no dejando nada de lo que yo había soñado hasta entonces para mi futuro, para mi vida. Desolación por no poder soñar y desolación por no poder olvidar.

También vergüenza ya que parece que todo el mundo se ha dado cuenta de mi tristeza, de mis fallos, de mi abandono, de mi desolación, y como de un páramo arrasado por el viento en el que no hay cada, las personas, mis amigos, mi familia huyen como si de un apestado se tratase, ya que como un apestado me siento y provoco el rechazo propio del no saber qué hacer, qué decir, cómo consolar y en cansancio propio de la atención no atendida.

Y miedo, un miedo atroz, irracional que me hace sentir que cualquier cosa me puede ocurrir. Un miedo que surge del absoluto desamparo e indefensión y de la certeza que nadie puede evitar que te dañen, ya que el daño causado es de los que te marcan la vida, más aún cuando tiene la sanción social que dice “…pobrecito… le han dejado...”

Sí, me han dejado porque “se acabó el amor de tanto usarlo” como decía la canción, o eso es lo que me han dicho

De Joseba Sánchez Zabaleta

recitando esos versos. Han dejado de quererme y con esa simple resolución me han dejado sin futuro, han arrancado de mi cerebro todas mis expectativas, todos mis sueños, todos mis proyectos ya que todos tenían un acompañante, un fundamento que ahora no existe… y lo peor es que no consigo identificar, no consigo poner un nombre a esta desazón que me consume… ¿me pueden ayudar a ponerle un nombre por lo menos? Porque también he identificado con otros sentimientos como la rabia, la envidia, los celos, la sumisión, la angustia… pero tampoco es ninguno de estos.

Ismael Serrano parece que tiene algunas instrucciones para estos casos, para gestionarlos, y se trata de odiar con intensidad; de no escuchar a la persona que abandona ya que no es la persona que se queda sola pues seguro que tiene ya otra compañía; de no intentar entender, ni perdonar sino de odiar… odiar el tiempo necesario, corto pero con mucha fuerza: lo suficientemente breve y lo suficientemente intenso. Sin embargo, el cantautor me da una forma de gestión para este estado emocional… pero a mí no me sirve porque necesito poner nombre a este estado, con precisión, identificarlo para comprenderlo y después gestionarlo… y yo solo no puedo…

¿Me pueden ayudar?

Ayúdenme a poner nombre a esta emoción

*Este post fue publicado en el blog de eitb el 22 de septiembre de 2014

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