Es el momento de sostener el vuelo…

flyTengo la sensación de que ha llegado el momento, uno más, pero el que marca un paso a delante o un paso hacia atrás, el que indica, una vez más, que la motivación ha de hacerse hábito, el hábito de ser libre, libertad elegida para ejercerla, para ser lo que deseas, o por lo menos para ser amable contigo mismo cuando no lo has conseguido… pero creo que este momento es de los que deciden si vas a volar o no.

Porque hay momentos de euforia, de esperanza (emoción curiosa que emana de los malos momentos y se proyecta a un futuro prometedor), de alegría, de tranquilidad, de seguridad donde la vida parece fluir, las decisiones parecen fáciles, los objetivos claros y la motivación alta lo que te permite tener la fuerza de espíritu suficiente como para emprender un cambio, el cambio. tu cambio. Un momento, una epifanía como decía una gran persona que quiero y echo de menos a partes iguales, que te impele a iniciar el vuelo con el dolor de la mudanza, con el miedo a la caída, pero también con el ímpetu del coraje que supone, en muchas ocasiones, la inconsciencia que igualmente subyace en la decisión.

Momentos que con el paso del tiempo se convierten en valles en lugar de picos, que pasan se ser eufóricos a ser angustiosos por el lento devenir de los acontecimientos, por la lluvia que sustituye al sol en el horizonte, por el fin deIMG_1803 la epifanía, por el olvido de algunos de los principios que cuando se definieron parecían tan claros y permanentes. Momentos duros que te impelen a dejarlo, dejar el cambio, a dejar de volar, dejar de intentarlo cuando estabas a punto de conseguirlo, a desdeñar lo logrado por volver al lecho calentito del hábito adquirido, las viejas formas del maldito hábito que supone una vida no vivida con libertad, costumbrista, acostumbrada a malvivir por la propia decisión de no intentarlo, de no ser lo que merecemos ser, lo grandes que somos… pero ese es, precisamente, el momento preciso.

El momento de reiniciar el vuelo, de confiar en nosotros, de volver a intentarlo, de lograrlo, de ser tan libres como queramos, de volar sin importarnos el destino, simplemente por el placer de hacerlo. El momento de ser responsables con la vida de cada uno, con la vida que nos queda y que siempre será toda la vida que tenemos por delante. El momento del trabajo, de la acción nueva, de conformar el nuevo hábito, la nueva vida, de renegociar la motivación a la vez que la voluntad necesaria para el cambio. El momento de saber que estamos el en valle pero que queremos llegar a la cima, volar alto simplemente para ver los otros picos y valles que conforman el camino. El momento de sostener el vuelo para que nunca más se nos olvide volar. Este es ese momento.

 

El niño que me adoptó… el niño que lloró por mí

100_2741Él tenía un año recién cumplido. Yo ya pasaba los 45. Los dos nacimos el mismo día y el mismo mes. Él me eligió y yo me sentí elegido. Desde ese momento los dos supimos que yo iba a estar siempre entregado a él.  Juan Ignacio no sabía hablar… yo no tenía palabras. Les “echo el cuento”.

Cuando nació yo ya tenía relación con sus padres, pero curiosamente no le conocí hasta mucho tiempo después, prácticamente al año de nacer. A él le costó sobrellevar los primeros meses de su vida ya que sus pulmones estaban un poco perezosos. Yo intimé con él en la tierra de sus padres, en Venezuela, en el Táchira, donde con la gran generosidad y atrevimiento del que hacen gala llevaron a una persona a la que apenas conocían y que no cuadraba con los cánones sociales y culturales a los que ellos estaban acostumbrados. Yo me atreví a aceptar su invitación, a ellos probablemente les extrañó, nunca les estaré lo suficientemente agradecido. Fue allí, en San Cristóbal donde, presa de una timidez que nadie me reconoce, él me adoptó y me reconfortó en los primeros días de mi vida andina.100_2489

Residían en casa de su abuela, en casa de “la abu”. Yo acababa de llegar de viaje con su padre. Él estaba en el parque jugando. Yo no sabía qué hacer, dónde meterme y en ese momento sucedió. Me acerqué a hacerle alguna carantoña, él me miró fijamente, me tendió los brazos, me sonrió, le cogí y desde entonces supimos que íbamos a ser importantes en uno para el otro, porque él lo decidió así, no por mi mérito. Poco después, cuando empezó a hablar, y no sé si animado por sus padres, pero sí de una forma natural, me concedió uno de los títulos que más me enorgullecen en esta vida, y que, sin ser exclusivo de él, sí que en su boca cobra un significado distinto: el tío Roge. Título que, gracias a Dios, me concedió su hermana un tiempo después, María Giovanna, Marigió, título que una vez concedido defiende con la vehemencia con la que vive esa bendita niña, que no por mencionarla más tarde es más joven ni quiero menos. Pero fue Juan Ignacio quien me adoptó, que no les quepa la menor duda.

Fueron años intensos, duros, vitales, de 100_2488crecimiento mutuo, de dientes caídos, de comidas en su casa todas las semanas, de juegos, de risas, de riñas, de broncas compartidas porque en cuanto nos veíamos empezábamos a pegarnos, a jugar, y nos chillaban a los dos a la vez. Años de compartir la incesante charla de su hermana, generosa en su cariño aun intuyendo que yo era de él, que él era mi favorito, sin saber todavía que a ella le quería con la misma intensidad con la que ella reclamaba, aunque fuese un ratito, a su tío Roge. Años de sopita, de arepas, de hallacas, de Nelly y de doña Aura, de familia, de entrega, de encuentros y desencuentros, pero no con ellos, sino con las circunstancias de la vida. Años de compartir valores, de contribuir a ir desarrollando los suyos, los de todos. Años de ser su tío cuando sus tíos no estaban tan cerca, de ser mis sobrinos cuando más falta me hacía su cariño. Años inolvidables en los que todos siempre supimos que yo estaba para lo que él quisiera.100_2442

Sin embargo, la vida es vida, y como tal a veces te quita lo que te ha dado, o para decirlo de otra forma, se lo lleva lejos. La familia parte para acercarse más su querida y maltratada tierra y los niños se marchan también, y yo me quiero marchar con ellos… pero no puedo. Pero como la vida sigue siendo vida, y como les decía sus padres son muy generosos y buenos amigos, al poco tiempo me invitan de nuevo a su casa y volvemos a encontrarnos y volvemos a disfrutar y a compartir y a llorar. Llorar como hacía años que no hacía, porque hacía muchos años que nadie lloraba por mí.

100_2736Fue en el segundo viaje que hacía a Bogotá. Yo me iba al día siguiente. Habíamos hablado que había que ser fuertes y que no podíamos llorar al despedirnos. Antes había dado resultado esa estrategia.  No fue así en esa ocasión. Hubo un momento que él se dio cuenta que me marchaba y empezó y no paró de llorar, con un dolor que no recuerdo de nadie más, con una inocencia que me rompió el corazón, con una intensidad que nos contagió a su hermana y a mí, cómo se agarraba a mí, como llorábamos todos juntos, cómo nos queríamos, cómo les quiero. Nadie ha llorado tanto por mí que yo recuerde… no porque no me quieran, no porque no me sienta querido, sino porque ya se nos ha pasado la edad de la inocencia.

Como comprenderán, no me está siendo fácil terminar este escrito, poder ver con claridad lo que escribo. Sé que él está bien, que no puede tener mejores padres, mejor familia, mejor hermana, pero yo le echo de menos. Echo de menos a ese niño que me adoptó y lloro por ese niño, por esos niños que lloraron por mí. Benditos sean.

En esta vida puede pasar de todo… incluso cosas buenas…

Joseba Sánchez Zabaleta

Joseba Sánchez Zabaleta

Lo escribí en Marbella hace ya un tiempo, y hace ya un tiempo que superé la frustración y el dolor que subyace a este escrito y anímicamente estoy en un gran momento. Sin embargo, permítanme el atrevimiento, por el sentimiento con el que fue escrito, quería compartirlo con todos ustedes. En un principio fue una epístola… ahora ya no tiene destinatario. Gracias por escuchar, gracias por estar ahí, pero una cosa… no dejen escapar ese último momento… Recuerden esto que les digo cuando terminen de leerlo…

Una de las cosas de las que me he dado cuenta este año (tarde ¿verdad?) es que nos puede suceder cualquiera de esas cosas de las que se habla sobre la vida: que dos personas se separen después de 35 años de amistad; que una amistad de 30 años se termine sin mediar prácticamente palabra, solo por una charla mal llevada; que te traicionen o que traiciones; que  haya personas que no te respondan cuando lo necesites, que no respondas a al amigo que lo necesita; que tus padres no sean lo que tú esperabas,  que no seas tú el hijo que ellos querían; que entre tu círculo más cercano haya sinvergüenzas, bandidos y piratas o que tú seas considerado como tal por tus amigos o cercanos; que tengas dinero y que no lo tengas; que dejes dinero y no te lo devuelvan o que no devuelvas el dinero que te han prestado; que te falle tu familia, que tú les falles o que protagonices la parábola del hijo pródigo; que todos los para siempre, jamás, toda la vida, nunca y significados por el estilo caigan uno tras otro…  en definitiva, queridos amigos, que todo es posible en esta vida y que además no hay tiempo, es decir, que los años cumplidos no te eximen de esta realidad.

Joseba Sánchez Zabaleta

Joseba Sánchez Zabaleta

Conforme te escribo esto, me parece hasta un poco pueril afirmar lo que he dicho por, quizás, su evidencia, pero lo que no me había pasado hasta ahora es sentirlo tan profundamente, vivirlo, experimentarlo casi físicamente y saber que, además, todo esto lo debemos vivir solos, lo debo vivir solo que es como he decidido vivir la vida, o la vida ha decidido que así la viva, no sé cuál es la proposición correcta. Lo que sí sé en este momento vital es que cada vez me acerco más a la soledad vital en la que moriré, en la que moriremos casi todos, sin prisa, sin ganas, pero que llegará. Quizás, como decía Faciolince citando, creo recordar, a Borges, “empiezo a ser el olvido que seremos”.  Nunca había sentido tan dentro esto que les cuento, el que todo puede pasar, en que la vida es esto, un cúmulo de circunstancias variables, que no nos vamos a salvar de casi ninguna de ellas y que cada una nos irá acercando más a la soledad final, a la soledad del último viaje. Además, lo he visto en mi casa, en las carnes de mis padres y ahora en mis hermanos y a todos ellos les he visto llevar esta verdad con una estoicidad que siempre me ha sorprendido y que yo no estoy seguro de poder conseguir.

Joseba Sánchez Zabaleta

Joseba Sánchez Zabaleta

Me imagino que cuando lean esto, si es que algún día lo hacen, estarán pensando que mi parte “andaluza”, melodramática y exagerada ya está saliendo, y seguro que tienen razón, y también debo reconocer y que lo he hecho hace tiempo reconociendo que tengo una parte de emoticono de la gitana, que me crie con las coplas que le gustaban a una madre asturiana, anarquista y afrancesada por su estancia en el exilio por  la Guerra Civil y por nacer hija de principios del siglo pasado, sí… soy exagerado, depresivo, mayor y… no se me ocurre qué más “poner para quedar bien”, sabiendo que todo lo que pusiera iba a resultar insuficiente.

La vida es demasiado compleja amigos, pero he decidido vivirla, o seguir viviéndola que con mis 53 (ya casi 55) años parece que he llegado a ella antes de ayer. Sin embargo, he insisto, me ha sorprendido que no haya forma de vacunarte contra esas cosas que oíamos de chicos y que pensábamos, o por lo menos yo lo pensaba, que no iba a caer en ellas, que no me iban a pasar quizás por creerme más listo que nadie, pero quizás también, simplemente, porque estaba convencido que no iba a caer en ellas. La falta de empatía, no escuchar a los demás, dejar de lado a un amigo, estar colgado de los problemas de la familia, pero sobre todo perder la capacidad de hablar con las personas, de decir lo que pienso, de pelear como un jabato por una amistad… y no lo he hecho… no tengo ya fuerzas para hacer muchas cosas queridos amigos… no las tengo…

Joseba Sánchez Zabaleta

Joseba Sánchez Zabaleta

Así que con estas me ven, me veo. Con una visión nueva de la vida, más descarnada de lo que había tenido hasta ahora, con unas ganas de vivir como no había sentido hacía tiempo, siendo consciente de que soy un solitario después de haber pensado toda la vida que era un “hombre casado” (¡o permanentemente a la espera de ello, vamos!!), con una salud frágil y sin algunos amigos que pensaba que iban a ser eternos y sin ti… sobre todo sin ti.

¿Parece que estoy desanimado verdad? Pues curiosamente estoy como si empezase a vivir de nuevo, con ganas de comerme la vida a bocados, cada instante… curioso ¿verdad?… porque también me he dado cuenta de que en esta vida pude pasar de todo… inclusive lo bueno…

Con todo mi cariño,

Rogelio

La soledad del líder…

Chillida

Chillida

Un amigo, a raíz de un post publicado en este mismo blog, me pidió que hablase de la soledad del líder y, cómo no, voy a hacerle caso, pero como el título de un libro de Jack Welch, voy a hacerlo “desde las entrañas”, desde el conocimiento que da la experiencia más que desde un punto académico… mucho me lo he pensado, mucho tiempo lo he retrasado así que vayan ahí las primeras reflexiones.

Liderar es un acto solitario, un ejercicio de soledad, aunque a veces quien lidera no se encuentre solo o sola… pero lo está. Liderar es una relación individuo grupo, pero en la que el acento está en el individuo, en la persona que sirve de guía, en quien sirve al proyecto compartido, en quien tiene la máxima responsabilidad de hacer que ese proyecto se comparta, que tenga sentido, en quien sirve, en el servidor

Liderar implica entregarse para conocer a quien se lidera, querer hacerlo,  empatizar con el equipo y también con cada integrante del mismo, conocer tanto individuos como sus relaciones para conseguir que todos ellos quieran contribuir,  que quieran participar, que quieran hacer cosas en aras de dar sentido a esa misión que les une y que es tarea, que es responsabilidad de quien lidera.

Chillida

Chillida

Liderar es un episodio de soledad porque debe realizarse con humildad, con generosidad, con compasión, con esperanza, con entrega, con espíritu de servicio… porque debe entregarse en cuerpo y alma al proyecto sin esperar nada a cambio, aunque lo dese. Es un acto de soledad porque muchas veces, el ser humano, la “materia prima” del proceso de liderazgo, es un animal ingrato, interesado, de poca memoria y así debe entenderlo el líder, sea hombre o mujer, y así debe  amarlossin esperar que el amor será correspondido pero siendo agradecido cuando lo sea  porque quien lidera sabe que liderar implica soledad.

Soledad de quien manda, de quien debe ejercer el poder, tanto el concedido por la organización como el otorgado por su equipo, el que legitima su liderazgo. Soledad de quien es observado, de quien toma a la última decisión, de quien premia o de quien castiga, del experto, del envidiado, del querido, del admirado, del traicionado. Soledad que generará tensión por la continua observación, una situación generalizada de estrés que tendrá que saber gestionar para seguir liderando, para seguir sirviendo, para seguir disfrutando. Soledad derivada del sentido de trascendencia que es inherente al propio liderazgo y que hay que recordar y mantener.

Chillida

Chillida

Porque la soledad de la que estoy hablando, es una soledad plena, disfrutada elegida, placentera. La soledad del liderazgo le llena y le confiere sentido al propio líder en su ejercicio, siendo su culmen la inmolación del propio líder, el acto máximo de generosidad y entrega, tanto a la organización como a sí mismo, sobre todo a sí mismo, que se produce cuando llega la hora de la despedida, cuando el líder sabe que su función está ya cumplida, cuando debe dejar paso a otras personas, a otros líderes a otro líder.

Y se despedirá porque el líder nunca debe sentirse solo, nunca debe perder su norte, su sentido, su misión, su conexión con su aquí y su ahora. Porque cuando la soledad le apriete, deberá renovarse, deberá generar una nueva visión personal, un nuevo placer por la vida, por su vida, por nuevos proyectos, por sus proyectos, a través de un proceso de renovación que le permitirá seguir sirviendo, seguir liderando, seguir disfrutando de la soledad que implica el liderar, guiar a un grupo de personas. La cuestión no es tanto la soledad, como que la persona que lidera sea capaz de disfrutarla.

 

¿Están dispuestos a aceptar esa soledad tan llena?… es todo un privilegio sentirla…

 

 

 

El liderazgo es un arte

Rothko

Rothko

Ya lo decía Dionisio Aranzadi, el liderazgo es un arte y como tal, difícil definición tiene.

Arte es la capacidad, habilidad para hacer algo; o una manifestación de la actividad humana mediante la cual se interpreta lo real o se plasma o imaginado con recursos plásticos, lingüísticos o sonoros; también el conjunto de preceptos y reglas necesarios para hacer algo, e incluso la disposición personal de alguien[1]. Cualquiera de estas definiciones de la RAE, o todas ellas, nos pueden indicar lo que implica el liderar un grupo de personas.

Liderar implica la capacidad y la habilidad para orientar a un grupo de personas en una organización humana, sea esta empresarial o de cualquier otra índole, hacia metas comunes. Conseguir esto no es una ciencia exacta, sino una suerte de  gracia y destreza (habilidad) y la  oportunidad y el medio para ejecutarlo (capacidad).

Rothko

Rothko

También implica la interpretación de una realidad, reflejada en el sentido que el líder da a la actividad a realizar y plasmada normalmente en la misión y visión de la organización. El vehículo para conseguir esto son, sin duda, los recursos comunicativos ya que el proceso de liderazgo es, fundamentalmente, un proceso de comunicación y de relación mediante el cual se va creando el sentido compartido de la razón de ser de la relación y del futuro deseado que se desea compartir, así como la trascendencia que tiene todo ello, tanto para el individuo como para el grupo, tanto para el líder como para los liderados y para la sociedad en general. Esta interpretación de la realidad debe contar con la identificación, uso, comprensión y gestión de la emocionalidad la rodea para aprovechar la información que las emociones proveen.

En cuanto al conjunto de preceptos y reglas necesarios para hacer algo, hablaríamos de las diferentes teorías que se han propuesto en el estudio del liderazgo, y que entroncan con la idea de si un líder nace o se hace o, simplemente, el líder ser va haciendo desde que nace. El convencimiento de que el liderazgo es un proceso susceptible de ser mostrado, enseñado y, sobre todo, aprendido es una tesis que nos acompaña desde hace tiempo y refrendada por autores como el antes citado Dionisio Aranzadi, Bass, Burns y Echaniz, entre otros. Un arte, por lo tanto, que con sus preceptos y reglas pude ser desarrollado a lo largo de la vida.

Rothko

Rothko

Enlazando con esto, si el líder nace o se hace, aparece la cuestión de la disposición personal o, dicho de otra forma, el carisma. El liderazgo carismático es una de las cuestiones que más se ha tratado en las diferentes teorías del liderazgo, aunque, como muchas otras, no ha llegado a concluirse satisfactoriamente. El carisma, ese no sé qué, resulta, como el propio liderazgo, algo fácil de apreciar, pero difícil de explicitar y más complejo aún desarrollar más allá de la parte innata o de crecimiento personal que tiene este concepto. Una forma de ser que sazonará de forma singular este arte de liderar grupos de personas.

Un arte, el de liderar, que deberá ser ético, colaborativo, emocional, transformador y trascendente para ser considerado virtuoso… difícil tarea la de enseñar este arte… apasionante por otro lado hacerlo y también dominarlo…

 

[1] De todas las acepciones que aporta la RAE, 9 en total, hemos utilizado aquellas que son más oportunas para el tema que estamos tratando.

Líder y liderazgo: cuestiones etimológicas

Rotkhko

Rotkhko

*Al final les he dejado un poco de música. Si lo desean pueden ponerla para leer el post. Espero que les guste.

Entendemos que, para acercarnos a la definición del liderazgo, se presume necesario tener una referencia etimológica del término para ir aclarando su componente semántico, sus significados para posteriormente definir en el concepto y sus componentes principales.

Cuando acudimos al buscador de la RAE (Real Academia de la Lengua)[1] y tecleamos las primeras letras -LID, las palabras que aparecen son las siguientes: Lid, liderar, liderato, liderazgo, liderear, lideresa, lidererizar, lidia, lidiadera, lidiadero, lidiador, lidiadora, lidiar, lidio, lidiosa y lidioso, a las que añadiríamos a la palabra líder colocando ya al acento.

Sorprende ver dos grupos de palabras con significados tan distintos. Por un lado, líder, liderar, liderato, liderazgo, lideresa y liderizar y, por otro, lid, lidia, lidiadero, lidiadera, lidiador, lidiadora, lidiar, lidio, lidiosa y lidioso. El (más…)

Liderazgo trascendente… un breve apunte

IMG_0110Podemos considerar que el liderazgo es un proceso de influencia positiva entre personas que lleva a generar entornos virtuosos de relación y trabajo.

En dicho proceso, la persona que ejerce el liderazgo se deberá apoyar en la utilización de los estilos de inteligencia múltiple propuestos por Gardner, prestando especial atención a la inteligencia emocional, con el fin de generar entornos emocionales resonantes que propicien la consecución de objetivos comunes.

Objetivos que se configurarán debido a la trascendencia que deberá proveer este proceso de liderazgo a la comunidad de personas implicada, elevando las expectativas más allá del propio trabajo y procurando al mismo los elementos de espiritualidad consustanciales al ser humano.

Una espiritualidad basada en una misión, visión y valores generados y compartidos por todas las IMG_0109personas que participan del proceso y fundamentados en un marco de actuación superior que sería el marco ético. Liderazgo que podría resumirse en la máxima ignaciana “En todo amar y servir”.

Por lo tanto, se trataría de un proceso virtuoso de servicio, espiritual y trascendente capaz de elevar las expectativas y resolución de personas y organizaciones. Un proceso de liderazgo que puede apoyarse en las máximas de la espiritualidad ignaciana como son el amor, la libertad, el heroísmo, el magis, la indiferencia o el ingenio entre otros. Además, los Ejercicios Espirituales, realizados desde un punto de vista laico o religioso, pueden ser el elemento fundamental que apoye al líder o lideresa a “ordenar su propia vida” en su camino de autoconocimiento, automotivación y gestión personal en aras de mantener la resonancia de este liderazgo trascendente en su persona y en la organización.

¿La motivación como camino a un liderazgo trascendente?

 

JosebaPreparando la recogida de información para la tesis, he estado ojeando el libro Liderazgo y ética en la dirección de empresas, de Juan Antonio Pérez López, publicado por Ediciones Deusto en 1998 y me parece interesante compartir algunas de sus reflexiones sobre la empresa, la motivación y el liderazgo y que me limito a parafrasear y resumir en este post.

Este autor nos dice que es conveniente que nos aproximemos al estudio de la empresa entendiendo ésta como una organización de personas, una organización humana que como tal se rige por las leyes que afectan al comportamiento humano. Organizaciones que, por lo tanto, deben procurar que sus integrantes satisfagan alguno de los motivos que tienen para permanecer en ellas y cooperar en aras de conseguir los objetivos organizacionales. Como indica Pérez López:

Las personas pertenecen a una organización en la medida que tienen motivos para hacerlo. Y no hay ninguna organización que pueda existir sin personas que pertenezcan a la (más…)

Lágrimas de verano por encuentros y despedidas

*El sol ha salido ya hace rato. El día está precioso. Estoy escuchado Chaconne,  de Bach, transcrita para piano por Busoni e interpretada por James Rhodes. Todo está bien… pero yo no paro de llorar.

Dicho esto, estoy seguro de que muchos de ustedes pensarán que tengo un mal día, algunos sentirán un principio de lástima y otras personas habrán dejado de leer pensando en que no quieren leer un escrito lacrimógeno sobre sufrimiento y penas… nada más lejos de la realidad ya que yo estoy feliz, y mis lágrimas saben muy distinto, a cuando sufro, a cuando ni tan siquiera consuelan. Son lágrimas de satisfacción que surgen en relación con dos personas que quiero y admiro mucho y dentro de un grupo de personas que me honran con su amistad. (más…)

De la amistad soy un militante miliciano

images (1)De la amistad soy un militante y, a veces, también, un miliciano, y un camicace, y un misionero y actor principal y secundario a la vez.

No sé muy bien lo que significa, aunque sé que para mí lo ha significado prácticamente todo.  Mis sueños, mis seguridades, mis inseguridades, mi pasado, mi presente y mi futuro se han sustentado en ella como uno de los pilares fundamentales sobre los que he construido mi vida de forma acertada… ¿o no? Eso es otro cantar.

Porque con el tiempo he ido modificando mi idea idealizada de lo que podía significar. Y con esto no quiero decir que esté desilusionado de ella, de ninguna manera, lo que digo es que puede que esté resituada en mi construcción vital. Me he dado cuenta de que puede ser para toda la vida o no; de que puede darte los mejores momentos de tu existencia y también los peores, como ocurre con casi todas las cosas de la vida; de que como los buenos vinos necesita tiempo para coger sabor y también de que como los vinos jóvenes la frescura de una nueva amistad te llena de ilusión, de (más…)

From the throne

Me pidieron una palabra y el resultado ha sido este.

Mi palabra fue “libertad”.

Mi sorpresa fue la música de Björk.

Gracias por todo ello… y por lo que queda por venir.

 

It is what you want,

It is what you need

Fills your endless nights (más…)

Desidia…

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Negligencia, inercia, falta de cuidado y de interés.

Esta es la definición que dan los diccionarios de esta emoción, de esta actitud. Y de la desidia laboral es de lo que quiero hablar. Quiero hacerlo además desde el conocimiento de que el asunto que voy a exponer debe ser tratado con extrema prudencia. Sin embargo, puede que no sea lo suficientemente hábil como para hacerlo y si ese fuese el caso, ruego me disculpen, porque considero que desidia es la palabra que define la actitud de muchos de nosotros, de muchos trabajadores a la hora de realizar sus funciones y considero que eso constituye una inmoralidad hacia las personas que no tienen trabajo. Me explico.

En mi día a día de ciudadano de a pie que realiza las transacciones habituales en una ciudad como son ir a por el pan, tomar un café, acudir al (más…)