Liderazgo ignaciano (y II)

ignaciano

Dibujo de Javier Etxenike

Dibujo de Javier Etxenike

Como les indicaba en el post anterior, existe una gran correlación entre el estilo de liderazgo ignaciano y las competencias de la Inteligencia Emocional. Pero lo más sugerente no son sus correlaciones, sino el sistema, el método descrito por Ignacio de Loyola para desarrollar esas competencias: los Ejercicios Espirituales.

En estos ejercicios, que duraban 30 días, se elimina cualquier contacto con el exterior ya que exigen una total dedicación intelectual, emocional y espiritual (103) y están guiados por un director espiritual. Se realizan en estricto silencio. Cada día existen 4 o 5 periodos de meditación. Realizan una introspección para descubrir sus “afectos desordenados” –debilidades- y de ahí surge el compromiso con la mejora. También siguen un proceso de meditación guiada donde se profundiza en los cuatro principios del liderazgo jesuita.

Una vez terminado el periodo de ejercicios, y como una forma de retroalimentación, los jesuitas, día a día, al levantarse, deben hacer memoria de sus metas clave, dando primero gracias a Dios por los beneficios recibidos y dos veces al día- después del almuerzo, y después de la cena- deben realizar un breve examen mental de si los actos realizados están en función de esas metas. Esto permite un seguimiento de sus propósitos y una pronta retroalimentación de lo realizado hasta el momento.

De esta forma se revisan casi en tiempo real las acciones realizadas y su concordancia con las metas adquiridas, facilitando de esa forma el autoconocimiento, el manejo de nuestras fortalezas y debilidades. Además, el líder, en la primera generación de líderes o siempre que le sea posible, puede acompañar estos ejercicios durante una hora al día para de esa forma guiarles en su examen de fortalezas y debilidades, valores y visión del mundo, consiguiendo trasmitir también la propia visión de gerente líder.

Todo esto dentro de un círculo virtuoso que conlleva a un modo de proceder, una manera de vivir que es lo que identifica la vida de un líder. Además, debe estar acompañado por una cultura que permita que se refuercen estos principios los unos a los otros. Una cultura fuerte pero que fuerce el cambio. Una cultura que cumpla estas características:

Obra de Javier Etxenike

Obra de Javier Etxenike

Que sea fuerte no sólo en la teoría sino también en los hechos, que guíe el comportamiento de todos los empleados.

  • Que sea estratégicamente apropiada, adecuada al propósito de la organización.
  • Que promueva la adaptabilidad, es decir, que no ataje el cambio sino que lo promueva.

Como resumen señalar primero la relación que tiene este estilo de liderazgo con el liderazgo emocional y con la IE. En segundo lugar, hacer

hincapié en que las compañías son personas y cada una es un líder. Que se debe actuar con optimismo, con amor, con conocimiento de uno mismo, con ingenio. Que debemos aplicar la indiferencia, el no apego, en nuestros actos cotidianos sin olvidar nuestros valores y metas. Y que todo esto hay que realizarlo con perseverancia, trabajándolo en cada momento de nuestra vida.

300px-Exercitia_Spiritualia_1ed2El liderazgo debe darse en cada momento de la vida, en cada relación con los líderes que tenemos que liderar. Debemos liderarnos y liderar a los demás con el ejemplo, desarrollar a los más brillantes talentos, ayudarles en la automotivación, hacer que la visión de la compañía sea suya y mejor aún, construir con ellos la visión. Debemos delegar, dejarles hacer, darles libertad de acción y desarrollo. Debemos tener amor, espíritu de servicio, confianza en nuestros líderes, bien estén arriba o abajo en la cadena de mando ya que “los que están sobre el terreno ven mejor lo que se debe hacer”. Debemos amar también el cambio y hacer de él uno de nuestros principales aliados he incluirlo dentro de la cultura de la organización. Asimismo, el líder debe andar continuamente por la senda del autoconocimiento, con una gran perseverancia, para que de esa forma:

Aprecie su dignidad y su propio potencial.

  • Reconozca las debilidades y apegos que limitan ese potencial.
  • Exprese los valores que sostiene.
  • Fije sus metas personales.
  • Forme un punto de vista sobre el mundo: cuál es su posición, qué busca, y cómo se trata con el prójimo.
  • Vea la sabiduría y valor del examen de conciencia y adquiera el hábito de reflexión diaria para volver a enfocar las prioridades y sacar enseñanzas de los éxitos y los fracasos.

Y como siempre, el final de este post es también el comienzo del suyo

...¿qué opinión le merece este sistema de desarrollo de competencias, sobre todo del desarrollo del autoconocimiento y la automotivación propuesto por los jesuitas?

¿Les ha extrañado esta relación entre lo religioso y lo civil?

¿Qué opinan?

El liderazgo al estilo de los jesuitas: las mejores prácticas de una compañía de 450 años que cambio el mundo, escrito por Chris Lowney y publicado por Granica, 2005 en Barcelona. De este libro he sacado también la cita que abre el post.

 

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