Sobre mindfulness

peces con pie

Nuestra mente es un sistema complejo y, diríamos, arbitrario, que genera de una forma abrupta, ininterrumpida, involuntaria, descontrolada un torrente interminable de pensamientos, deseos, emociones y que apenas ha evolucionado en los últimos años. Si a esto añadimos una sociedad híper-estimulada, híper-conectada, con un desarrollo exponencial del conocimiento, de la tecnología, con revoluciones científicas que se encabalgan unas con otras y con una rapidez inusitada en los cambios que la gestión de nuestra mente, la gestión de la atención plena se hace indispensable en nuestras sociedades posmodernas.

En este contexto, ser capaces de gestionar nuestra mente, en concreto de “negociar” con nosotros mismos dónde dirigimos nuestra atención se presenta como un elemento diferencial a la hora de reparar nuestros estados físicos y psicológicos, mejorando así nuestra vida personal, familiar, social y también profesional.

La atención es un proceso psicológico limitado que nos proporciona la capacidad de seleccionar pececitosaquellos estímulos a los que dirigimos nuestro interés. Ser capaces, por lo tanto, de poder gestionar ese recurso escaso, nos permitirá estar más focalizados en aquello que queremos, en lo que nos interesa en cada momento, en el momento presente, en el ahora, en lugar de vagar por los tiempos psicológicos mentales que hacen que vivamos en un ir y venir constante entre el pasado y el futuro, tiempos que curiosamente no existen más que en nuestra mente.

Hace ya unos cuantos años, allá por el 2000,  en un encuentro de científicos occidentales y monjes, doctores budistas en India, el Dalai Lama se preguntaba qué podía aportar la tradición budista a un Occidente que padecía tanto sufrimiento. La respuesta venía dada por el aporte que desde las tradiciones meditativas orientales podían ayudar a gestionar la mente en aras de vivir con conciencia plena, con presencia, en lugar de funcionar de forma automatizada, en “piloto automático” como se dice coloquialmente, orientados por una mente muy excitada por el crecimiento exponencial de estímulos a los que está sometida.

La mejora de la atención plena, vivir con altos niveles de presencia, va a conseguir que vivamos más focalizados, más conscientes del aquí y el ahora, con mayores niveles de salud mental y física, con más recursos para recuperarnos de esa lacra de nuestros días llamada depresión, con pez 0528más paz, con una mejor comunicación con nosotros mismos, pero también con una mejor comunicación con los demás. Además, los beneficios de la práctica continuada del mindfulness, o de los diferentes tipos de meditaciones, sean orientales u occidentales, van a mejorar nuestra vida laboral, nuestro sentido en el trabajo, la reducción de estrés, la focalización y la fluidez en el mismo. No es de extrañar que unas de las teorías de gestión más extendidas en la actualidad, el Liderazgo Emocional, postulado por Boyatzis y McKee, esté fundamentado en el trabajo de Jon Kabat-Zinn.

Personas relevantes de nuestra sociedad, desde Martin Seligman a Daniel Goleman, pasando por el padre Pedro Arrupe SJ eran y son confesos meditadores. Aprovechemos pues la sabiduría del mindfulness para vivir plenamente el momento presente, para vivir mejor.

*Este post fue publicado en La Tribuna en el blog de Maneger Focus en primavera del 2016

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