(I) Rotaria – La Inteligencia Emocional como elemento de innovación empresarial y social: Hacia un nuevo paradigma

*Entrevista publicada en la Revista Rotaria, año 5, nº7, mayo-junio 2010

¿Por qué hablar de Inteligencia Emocional en el contexto actual de innovación?

Estamos más que en una época de cambios en un cambio de época. Desde hace unos años el conocimiento ha dejado de tener un crecimiento lineal para crecer exponencialmente. La Sociedad del Conocimiento está siendo un hecho dentro de una realidad superior como es la Globalización. Las nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación (TICs) están cambiando las formas de relación social.  Las estructuras demográficas de los países avanzados están variando hacia pirámides poblacionales muy envejecidas mientras que en los países emergentes sucede todo lo contrario con unas poblaciones muy jóvenes. La balanza económica y de poder internacional se está modificando orientándose hacia nuevas economías como son las de China, India y Brasil. El cambio climático, los avances en Nanotecnología, en Biotecnología y no sé cuantas cosas más están haciendo que intelectuales y científicos se pronunIMG_20160708_165005cien por la proximidad de un cambio de era, de un cambio de paradigma que nos permita entender y afrontar el futuro. La Inteligencia Emocional pertenece a ese futuro, aunque se esté desarrollando en el presente como elemento de innovación social y empresarial.

Además, como profesor y consultor que soy sobre temas de Liderazgo, disciplina a la que estoy dedicando mi intelecto y mis sentimientos, lo mismo que mis compañeros de trabajo, veo la necesidad de reforzar el liderazgo en todos los aspectos sociales y donde la incorporación de la gestión inteligente de las emociones se presenta como una innovación necesaria para su aprendizaje y desarrollo.

La focalización que genera la Inteligencia Emocional hacia la persona hace de ella un elemento nuevo e indispensable para el progreso y perfeccionamiento de las principales competencias que tiene que tener un líder, sea hombre o mujer.

¿Qué es realmente la Inteligencia Emocional?

Como dice Rafael Bisquerra, catedrático de la Universidad de Barcelona, la Inteligencia Emocional se puede entender como una meta-competencia que nos va a permitir mejorar otro tipo de competencias como pueden ser las técnicas y las cognitivas y optimizar además la forma de relacionarnos con nosotros mismos y con los demás, por eso hablamos de innovación social y empresarial. Se trata stricto sensu de percibir, usar, comprender y gestionar las emociones propias y de los demás, pero su conveniencia, su aplicabilidad se orienta principalmente a modelos de rasgos de personalidad y modelos de rendimiento laboral.  Esto es un resumen lo que desde la Academia se está trabajando en la actualidad.

Se habla por primera vez de Inteligencia Emocional como tal en 1990, siendo Jon Mayer y Peter Salovey los que acuñaron el término. Posteriormente, Daniel Goleman lo difundió mundialmente y Reuven Bar-On, Rafael Bisquerra o Richard Boyaztis son algunos de los científicos que lo están utilizado como elemento indispensable para la salud mental, en la educación, en el Liderazgo, etc. Todos ellos siguen diferentes orientaciones, pero en lo que estamos casi todos de acuerdo es que este tipo de inteligencia genera una serie de competencias basadas en el conocimiento de un mismo, en la gestión de las emociones y en las habilidades sociales que desarrollemos.  Estas nuevas competencias, es decir, esta nueva forma de pensar, sentir y actuar nos permitirá una mejor consecución de nuestros objetivos.

Sin embargo, lo que a mí me parece más importante de la Inteligencia Emocional, constructo que debo confesar que todavía se está discutiendo, es que apunta hacia un nuevo paradigma: la inseparable unión de razón y emoción en los procesos vitales y sociales de todo ser humano.  LIMG_20160708_164840as personas, y por ende sus sociedades, somos un compendio de razón y emoción, de cabeza y corazón, de mente y espíritu y ambos son absolutamente necesarios para nuestra supervivencia como especie y también para nuestro bienestar personal. La Inteligencia Emocional o, mejor dicho, la Neurociencia ha constatado este hecho que implica que en los procesos de toma de decisiones sea tan importante la información emocional como la cognitiva.

Este constructo se está retroalimentando con otras iniciativas científicas como es la Psicología Positiva también llamada Psicología de la Felicidad. Esta nueva disciplina, cuyo mayor exponente es Martin Seligman, propone otro modelo diferente al imperante en la Psicología Clásica, que es cuidar los “desarreglos del alma”, para orientarlo a investigar cómo podemos ser más felices, a estudiar a las personas cuerdas y no a las enfermas. Como ve, hay toda una serie de iniciativas que apuntan a una nueva forma de ver la realidad social, hacia un nuevo paradigma de pensamiento entre las que se encuentran también las de Rafael Echeverría con su teoría sobre la Ontología del Lenguaje, la Programación Neurolingüística (PNL) y muchas otras más… un verdadero movimiento intelectual que intenta cambiar las cosas hacia modelos sociales Y empresariales más humanos.

¿Cuál es el fundamento de la Inteligencia Emocional?

Las neurociencias son la base de lo que estamos hablando, de la Inteligencia Emocional. Este siglo se postula como el Siglo de Cerebro. La aplicación de los avances tecnológicos a su estudio, como han sido la Resonancia Magnética Nuclear funcional o la Tomografía, ha permitido la observación del cerebro en procesos tales como la toma de decisiones o la vivencia de sentimientos como el amor.

El resultado ha sido la constatación de que tanto la parte emocional del cerebro, o sistema límbico, como la parte más cognitiva, el neocórtex o corteza cerebral, permanecen activas tanto en los procesos racionales como en los emocionales, presentando así la tesis de que razón y emoción siempre van unidas.

Conforme se vaya profundizando en el estudio del cerebro más información tendremos de cómo funcionamos como personas y como especie, de cómo la evolución nos ha ido dando una serie de capacidades para nuestra supervivencia y de tratar de sacarles el mejor partido en un mundo que parece que avanza más rápido que nuestra propia biología, que nuestra propia capacidad de adaptación.

Junto con estos descubrimientos, hay otra teoría que apuntala la Inteligencia Emocional: la Teoría de la Inteligencias Múltiples de Howard Gardner propuesta en 1983. En ella se habla de la inteligencia como una capacidad y no solo como un determinante genético y postula la existencia de otros tipos de inteligencia como la lingüística, la espacial o la naturalista. Con este principio se presenta la posibilidad de mejorar de forma inteligente las relaciones que mantenemos con nosotros mismos y con los demás, lo que conformaría la Inteligencia Emocional. Con estos dos principios, solo nos quedaría una cosa por conocer mejor para comportarnos de forma inteligente a nivel emocional: las propias emociones

¿Qué hace que las emociones sean tan importantes?IMG_20160708_164905

Las emociones están con nosotros desde hace más de 200 millones de años y nos han permitido sobrevivir como especie desde mucho antes que tuviésemos desarrollada la parte más “intelectual” de nuestro cerebro, el neocórtex, cuyas estructuras neuronales se formaron a partir de las estructuras emocionales. Las emociones son primordialmente información de calidad para la consecución de nuestros objetivos y los sentimientos son la forma que tenemos de procesar esa información, de vivir esas emociones. Como bien especificaba Antonio Damasio, uno de los neurocientíficos más determinantes en este ámbito, las emociones se representan en el teatro del cuerpo y los sentimientos en el teatro de la mente.

Las emociones, además de información son, como indica su propia etimología, puro movimiento, un impulso hacia algo o contra algo. Emoción tiene la misma raíz que motivación y ambas nos proporcionan el impulso a actuar. Cuanto más inteligentemente manejemos esos dos conceptos mejor será nuestra captación y procesamiento de la información del entorno para poder adaptarnos a él. Esto, como puede intuir, tiene una fuerte incidencia en el comportamiento social y, cómo no, el laboral. Las emociones tienen mucho que ver con la capacidad de evolución del ser humano y, por lo tanto, su mejor percepción, uso, comprensión y regulación nos permitirá una mejor adaptación a los cambios que tendremos que afrontar en los próximos años.

¿Podríamos decir entonces que la Inteligencia Emocional es la más importante de las inteligencias?

No… en ningún caso. Lo que es realmente importante es que entendamos que las personas somos un compendio inseparable de razón y emoción lo que nos permitirá comprendernos mejor y también entenderemos mejor a los demás, así como a los procesos sociales en los que estamos inmersos. Sin embargo, lo que nosotros hagamos con este tipo de inteligencia está supeditado a una inteligencia superior: la Inteligencia Moral.

José Antonio Marina, un gran filósofo, pedagogo y ensayista español, explica muy gráficamente este concepto. Las inteligencias son como un juego de muñecas rusas. Tienen una jerarquía determinada y como culmen de todas ellas, la más grande, la que acoge a todas ellas es la Inteligencia Moral. Los valores que tengamos, nuestros principios morales, cómo consideremos a las personas, lo que opinemos sobre lo que significa el poder o la propiedad o cuál es la naturaleza del ser humano o del tiempo marcarán el uso que hagamos del resto de inteligencias que poseamos.

Esta inteligencia ejecutiva es la que realmente marca la diferencia, la que gestiona el resto de inteligencias y la que genera el comportamiento humano. Esto incluye, por supuesto, el mundo empresarial, tan necesitado como se encuentra de una inyección de moral.

(continúa…)

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